Adivinas la historia del mundo en las manchas de la mesa, las migajas en los dedos te recuerdan el asco que te producen las almas de arena, un fantasma te lame la comisura de los labios, sobre las vitrinas se desfiguran los cuerpos del paseo Junín y sus nombres invisibles se repiten en los bolsillos secretos del aburrimiento.  Te dices: deja de guardar nombres manchados debajo de la lengua. Si dices Carolina, vas a volver a vomitar un poco sobre tu alma.

Silencio

Tu dedo juega con una gota de café, la empuja de un lado a otro hasta que se evapora.

La servilleta huye con el viento, busca la calle, te abandona.