Callaban las corrientes del bosque para espiar a las bestias que merodeaban entre las afiladas hojas de hierba. Sospechaban las raíces de los pasos que esquivaban los arboles frutales, los abrevaderos del río. ¿A donde iban cuando se hacían vuelo? Cuando se desplomaban los cuerpos vacíos en los ombligos del llano.

El tiempo y su vulgaridad, trajo otros cuerpos sin vuelo. Ya no había silencio, ya no había misterio.