El tema de mi próxima película es el odio, hace más de dos meses que no toco el guión y empieza a ponerme nervioso. La urgencia de escribir, la inquietud cuando no lo haces, es una buena señal de tener algo bueno en el coco. El punto de partida podrá parecer sencillo, pero podría caer fácilmente  en el bodrio telenovelesco si no se le toma con cuidado. Se trata de la transformación de las relaciones, en la dirección de la reconciliación, si no del nacimiento del odio. Cómo germinan un odio tan fuerte que supera la misma voluntad de los personajes, llevándolos lejos de sus posiciones morales. Se trata por supuesto de una apuesta arriesgada. Relata las relaciones entre padre e hijo, hombre y mujer, así cómo el odio secreto de una enfermera con su paciente octogenaria. Las circunstancias en que se cruzan dichas historias son confusas para mí, cómo en otros proyectos, realmente no hay necesidad de justificar su coexistencia, pero la tentación de que compartan tiempos, espacios o relaciones es grande. Veo la cinta como un viaje sin orden por los pasillos de un centro comercial de Medellín, un laberinto de muchos niveles que se va desentramando, con patios y salidas inesperadas hacia ningún lado. Literalmente los personajes terminal al sol de la calle. La situación no se resolverá, cómo diría Dostoviesky, he prometido contarles el nacimiento del odio, nada más.