La mujer ideal que, consciente o inconscientemente, boceteamos a diario sobre la pantalla de expectativas se renueva con cada encuentro con la belleza. Cada encuentro con la infinita variedad que ofrece la existencia y se borronea con cada latido. Al final sobre el algodón manchado por el carboncillo y la goma de borrar está la nube de trazos, pistas, desengaños. Hay una canción que me recuerda a un amor, tal vez… bueno, un amor. Me la recuerda, por que la canción misma evoca una época llena de contradicciones, esperanzas y desengaños. Además de aparecer en una de mis series favoritas de todos los tiempos.

Por que no importa lo mucho que la ames, o lo mucho que sufras, que triunfes o fracases, ella nunca se va a arrepentir, casi seguro no va a recordarlo y si lo hace, será solo un momento ni tan siquiera tibio. Su sonrisa cortó el hilo que la unía a tu alma, eres una cometa que va en picada al mar y las cometas no nadan.

No soy una cometa.

Lo eres, ¿otra cerveza?

NO